Cupcakes de chocolate infalibles

No sé porqué me ha resultado tan difícil encontrar una buena receta de cupcake de chocolate. He probado decenas, y todas acaban siendo una gran decepción. Pero como soy tan sumamente cabezota, me empeñaba en hacerlas una y otra vez, modificando siempre algo, para descubrir que era lo que ocurría. Me negaba a pensar que un clásico como la chocolate cupcake fuese tan complicado de conseguir.

Especialmente decepcionada me ha dejado la receta de chocolate del libro de The Hummingbird Bakery. Sin exagerar, he podido hacerla mas de 50 veces, y el resultado es siempre nefasto. ¿A alguien mas le ha pasado lo mismo con esa receta? Me da el mismo resultado que la de vainilla que también incluye el libro….un auténtico desastre. De sabor no están malas, pero estéticamente quedan muy mal. Para empezar siempre, siempre, se despegan de los papeles. Da igual el que use. Además, la superficie de la cupcake queda muy brillante y pegajosa, como si fuese excesivamente grasienta. He probado a cambiar temperatura y tiempos de horneado, pero nada. ¡Es una receta defectuosa por naturaleza! Algo le pasa y aún no he logrado descubrir qué…

Es por eso que he estado todo el fin de semana leyendo y releyendo miles de recetas, seleccionando las que parecían llevar los ingredientes adecuados y tenían posibilidades de dar buen resultado.

Y la búsqueda resultó exitosa, así que hoy os traigo la infalible e inigualable cupcake de chocolate, para la que necesitamos:

1 cup de harina

½ cup de cacao en polvo

½ teaspoon de bicarbonato

¼ teaspoon de levadura

30 gr de cacao duro, en trocitos muy pequeños

114 gr de mantequilla sin sal, a temperatura ambiente

1 cup de azúcar

2 huevos

2 teaspoons de extracto de vainilla

¾ cup de buttermilk

Precalentamos el horno a 175ºC y preparamos un par de bandejas de cupcakes (salen en torno a 15)

En un recipiente medianos tamizamos y mezclamos la harina, el cacao en polvo, la levadura y el bicarbonato.

Añadimos el cacao duro, previamente troceado.

En un recipiente grande y con ayuda de una batidora eléctrica, mezclamos la mantequilla junto con el azúcar.

Añadimos los huevos, de uno en uno, y batimos hasta que queden bien incorporados.

Añadimos también el extracto de vainilla y continuamos batiendo.

Incorporamos el buttermilk y mezclamos a velocidad baja, con cuidado de no salpicar demasiado.

Por último, añadimos la mezcla de harina-cacao-levadura-bicarbonato y batimos bien.

Vertemos la masa sobre las cápsulas de las cupcakes

y horneamos durante unos 20 minutos, o hasta que un palillo insertado en el centro de una de las cupcakes salga limpio, sin ningún resto de masa.

Dejamos reposar en la propia bandeja un par de minutos

y a continuación transferimos a una rejilla para permitir que enfríen por completo.

Una vez frías, añadimos el buttercream que mas nos guste.

En este caso el buttercream que utilicé fue una mezcla de un poquito de buttercream de queso que me había sobrado del día anterior, junto con un paquete del nuevo Philadelphia Milka, y algo de azúcar glas.

La decoración de las miguitas de chocolate, son las anteriormente mencionadas cupcakes de The Hummingbird Bakery, después de haber sido destruidas con toda mi ira. ¿El resultado? La perfecta cupcake de chocolate. Os animo a que la probéis, seguro que no os decepciona.

Y vosotros, ¿tenéis alguna receta de cupcake de chocolate infalible?

 

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“Slab Pie” de fresas

Seguramente os preguntaréis de qué estoy hablando. Ni siquiera yo sabía de la existencia de las Slab Pies hasta que comenzó mi recientemente desarrollada obsesión por las pies, porque una Slab Pie no es mas que una pie rectangular, una especie de Pop Tart a lo grande. Y, ¿qué es una Pop Tart? Es una mini-tarta plana, rectangular, y pre-horneada, de la marca Kellogg’s, que contiene un relleno dulce sellado entre dos láminas de masa. Son toda una institución en E.E.U.U y existe una inmensa variedad de rellenos, desde frutas, hasta chocolate o canela. Se toman calientes, y no hay mas que meterlos en la tostadora antes de degustarlos.

Ni que decir tiene que la Slab Pie que os traigo hoy supera con creces a cualquier Pop Tart, pero así os hacéis una idea.

Esta Slab Pie está inspirada en una receta de Smitten Kitchen, que podéis encontrar aquí.

Antes de nada, tenemos que hacer la masa. Podemos hacerla hasta con una semana de antelación, y guardarla en la nevera bien envuelta en papel film. En el congelador, dura en torno a tres meses, incluso mas.

La receta infalible que siempre uso para masas de pie es la siguiente (*En esta ocasión necesitaremos hacer receta y media. Para ahorrarme cálculos desconcertantes suelo hacer directamente dos masas completas, y guardo la mitad de una en el congelador para hacer mini pies, como las que hice al final de este posten cualquier momento.)

2 ½ cups de harina

1 tablespoon de azúcar

1 teaspoon de sal

225 gr de mantequilla sin sal, cortada en cubitos de 1 cm aprox. y muy fría.

En un recipiente grande mezclamos la harina, la sal y el azúcar.

Añadimos la mantequilla y la incorporamos con ayuda de un pastry blender (¿alguien sabe como se llama en español? Es esto)

Añadimos ½ cup de agua helada, y seguimos trabajando la masa con el artilugio sin nombre. A continuación añadimos otro ¼ cup de agua helada, y terminamos de darle forma de bola con las manos. (os recuerdo que estas cantidades corresponden a una masa, necesitaréis una y media)

Debemos refrigerar la masa al menos durante una hora antes de usarla.

Podéis consultar el post de hace un par de semanas, el de Pie de moras, para ver mas fotos del proceso de elaboración de la masa, además de mas detalles sobre el paso a paso. También os recomiendo que visitéis este tutorial de Smitten Kitchen sobre masas de pies. Tiene infinidad de fotos que sin duda os ayudarán. Está en inglés, pero prometo que la próxima vez que haga la masa haré mas fotos para poder publicar un tutorial similar.

Para el relleno necesitaréis

6 cups (aprox.) de fresas, troceadas

1 ¼ cup de azúcar

¼ cup de maicena

el zumo de medio limón

un pellizco generoso de sal

un par de cucharadas de nata líquida para postres (para pintar la masa antes de hornearla)

Precalentamos el horno a 190ºC.

Empezamos troceamos las fresas.

En un recipiente grande combinamos las fresas, azúcar, maicena, zumo de limón, y sal.

Mezclamos para que quede todo bien incorporado y reservamos.

En una superficie previamente enharinada, y con la ayuda de un rodillo, damos forma rectangular, del tamaño del recipiente que vayamos a usar, a la mitad de la masa.

La colocamos sobre el molde, ajustándola a las esquinas y dejando que los bordes cuelguen ligeramente por el filo.

Vertemos el relleno sobre esta primera mitad de la masa, cubriendo toda la superficie.

A continuación, repetimos el proceso de darle forma a la segunda mitad de la masa, y cubrimos la fruta, sellando ambas capas con ayuda de un tenedor o de unos “pellizquitos”.

Con un tenedor, hacemos marcas a lo largo de toda la superficie de la masa, para que respire una vez esté en el horno. Por último, y con ayuda de un pincel, cubrimos la superficie con un poco de nata líquida.

Horneamos durante 40-55 minutos, hasta que la masa haya adquirido un tono dorado y veamos que el relleno esta burbujeando.

Dejamos enfriar durante otros 45 minutos sobre una rejilla. Se puede servir templado, aunque a mi personalmente me gusta tomarlo una vez haya enfriado por completo, y acompañado de una bolita de helado de vainilla…¡Mmmm!

Por ahora, esta se ha convertido en mi pie favorita, sin ninguna duda. ¡Está de muerte!

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Tarta Tres Leches

Tres Leches. En mis sueños cada noche. En mi cabeza todo el día. Imposible pensar en cualquier otra cosa desde el fatídico momento en el que se me ocurrió probar esta receta. No había puesto muchas esperanzas en ella, no es el típico postre que me suela gustar. Gran error. Muy grande. Ahora me alimentaría a base de Tres Leches única y exclusivamente. Y eso que no soy de esas personas obsesionadas con la leche condensada. De hecho me gusta tirando a poco. No creí que nunca llegaría a decir esto pero…si, es posible que incluso supere a mi obsesión por la Red Velvet.

Insisto en que dejéis lo que quiera que tengáis entre manos en este momento, os colguéis el delantal, arraséis con las provisiones de leche condensada de vuestra despensa (técnicamente solo se necesita una lata, pero en fin, nadie queda a salvo de meter el dedo una vez…o un par…o de vez en cuando…y cuando te das cuenta el contenido de la lata a disminuido considerablemente…) y os pongáis manos a la obra. (Receta original en Inglés aquí)

Necesitáis tener en vuestro poder

1 cup de harina

1 ½ teaspoon de levadura

¼ teaspoon de sal

5 huevos

1 cup de azúcar

1 teaspoon de vainilla

1/3 cup de leche

1 lata de leche ideal

1 lata de leche condensada

¼ cup de nata para postres

Antes de nada precalentamos el horno a 175ºC y engrasamos el recipiente que vayamos a utilizar.

En un recipiente grande tamizamos y mezclamos la harina, la levadura y la sal. Reservamos.

Separamos las yemas de las claras, y batimos las yemas con mas o menos la mitad del azúcar, a alta velocidad, hasta que adquieran un color amarillo muy pálido.

Incorporamos la leche y la vainilla, y mezclamos.

Vertemos esta mezcla sobre el recipiente en el que teníamos la harina, y de forma manual, con ayuda de una varilla, incorporamos.

En un recipiente grande, comenzamos a batir las claras de los huevos.

Transcurridos un par de minutos añadimos el resto del azúcar y terminamos de montar.

Por último, incorporamos las claras montadas a nuestra masa, con ayuda de una espátula y realizando movimientos envolventes.

Vertemos la masa sobre el molde engrasado,

alisamos la superficie tanto como podamos, y horneamos durante 35-40 minutos.

Una vez listo, dejamos enfriar por completo.

La superficie quedará…poco atractiva, digamos. Pero a la hora de desmoldar le damos la vuelta, y aquí no ha pasado nada.

No os preocupéis, no habéis hecho nada mal, pasa siempre con los bizcochos hechos a base de claras montadas, tienden a inflarse mucho en el horno, pero en cuanto entran de nuevo en contacto con aire frio, pierden todo su volumen dando lugar a una superficie rugosa.

Yo suelo darles la vuelta, aunque resulta completamente innecesario puesto que posteriormente va a ser cubierto con nata montada.

En cualquier caso, dejamos el bizcocho en la bandeja donde vaya a ser servido, ya que mas tarde no podremos moverlo. Conviene que sea algún recipiente no del todo plano, ya que correríamos el riesgo de que la deliciosa mezcla de leches se desbordase.

Con ayuda de un tenedor, pinchamos toda la superficie del bizcocho. Sin miedo.

Un poco mas. Todos los recovecos.

En una jarrita mezclamos la leche ideal, la leche condensada y la nata. Ponemos a prueba nuestra fuerza de voluntad y resistimos la tentación de coger un paquete de galletas María y empezar a mojar.

Vertemos nuestra mezcla sobre el bizcocho, poco a poco, dejando que vaya absorbiendo el líquido, y haciendo hincapié en que los bordes del bizcocho y las esquinas se empapen también.

Yo suelo verter poco a poco la primera mitad de la jarra, clavando el tenedor unas cuantas veces mas, y lo dejo reposar una hora o así.

Transcurrido ese tiempo, continúo incorporando la mezcla de leches restante.

Saldrá un “charquito” en el plato, pero con el tiempo se terminara absorbiendo.

Cubrimos con papel de plata y dejamos a temperatura ambiente hasta el momento de servir. Cuando vayamos a sacar el postre, montamos un poco de nata con una cucharaditas de azúcar y cubrimos la superficie.

El toque de las fresas fue una licencia creativa que me tomé, pero la verdad es que estaba para chuparse los dedos.

A todos los que pensáis en este momento “bah, este postre no va conmigo”, sólo os diré…pobres ingenuos.

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Congo Bars

De vez en cuando descubro una receta nueva y al probarla me pregunto: ¿Cómo es posible que haya sobrevivido 22 años sumida en la ignorancia sin tan siquiera ser consciente de la existencia de semejante delicia?

Esa es exactamente la reacción que tuve al probar estas Congo Bars, o lo que es lo mismo, el cruce culinario entre una galleta y un brownie. Suena bien, ¿verdad?
En un solo bocado obtienes lo mejor de ambos clásicos: el sabor inconfundible de una chocolate chip cookie, con la textura característica del brownie.

Además, en plena Semana Santa, cuando muchos de nosotros pasamos unos días fuera de nuestra casa, lejos de todos los cachivaches de cocina, es una receta sencillísima de hacer, para la que no necesitaréis nada mas que un recipiente grande, una varilla y cualquier molde, Pyrex o recipiente similar.

Los ingredientes que necesitaremos son

345 gr de harina

2 ½ cucharaditas de levadura

½ cucharadita de sal

150 gr de mantequilla sin sal, a temperatura ambiente

450 gr de azúcar moreno

3 huevos

1 cucharadita de extracto de vainilla

350 gr de chips de chocolate

Precalentamos el horno a 175ºC y preparamos un molde, engrasándolo bien.

En un cuenco tamizamos y mezclamos la harina, la sal y la levadura. Reservamos.

En otro recipiente, mezclamos el azúcar junto con la mantequilla, hasta que ésta quede completamente incorporada.

Añadimos los huevos, de uno en uno, mezclando bien tras cada incorporación.

Añadimos la vainilla y los chips de chocolate.

Por último, incorporamos la mezcla de harina.

El resultado será una masa bastante espesa, mas densa que la del brownie y similar a la de las galletas.

Vertemos la masa en nuestro molde y con ayuda de una espátula la repartimos bien, aplanando la superficie tanto como nos sea posible.

Horneamos durante unos 30 minutos aproximadamente.

Es muy importante no pasarnos con el tiempo del horneado, o acabaremos con una galleta inmensa en nuestro poder. Será una galleta deliciosa, eso seguro, pero no es el objetivo de esta receta.

Una vez en su punto, retiramos del horno y dejamos enfriar en el molde. Por último, desmoldamos y cortamos en cuadraditos, al igual que haríamos con un brownie.

Fácil, ¿verdad? Como veréis no tiene ningún misterio, y el resultado…¡Mmmm!

Espero que paséis una muy buena Semana Santa y disfrutéis de los días de descanso. Y si es con un trocito de Congo Bar cerca, mucho mejor.

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